Archive for 29 noviembre 2010

14 de marzo de 1999

– Bueno, Marina. Como habíamos hablado antes, el problema estaría a nivel del cuello de útero. Por alguna razón que desconocemos, no producís suficiente cantidad de moco cervical o no es de buena calidad. Esto hace que los espermatozoides en lugar de avanzar, atravesar el útero y llegar a las trompas, queden inmóviles y retenidos ahí. Lo que vamos a hacer es una inseminación intrauterina. Vas a tomar Serofene  para conseguir entre uno y tres óvulos (no más). Eso aumenta las posibilidades. A partir de que yo te indique, te vas  a hacer una ecografía día por medio para ver cómo se van desarrollando los folículos.  Cuando lleguen al tamaño óptimo, te vas a aplicar el Profasi para desencadenar la ovulación y a las treinta y seis horas, tu marido va a entregar una muestra de semen. Una vez que esté procesada por el laboratorio, te la vamos a colocar con una cánula finita directamente adentro del útero.  De esa manera vamos a saltear el cuello, que es donde está el problema. ¿Tenés alguna duda?

Estoy de vuelta en el consultorio de la Dra Fernández. Y esta vez para hacer el tratamiento.

3 de febrero de 1999

 

Taxco nos encantó. Subimos y bajamos por las callecitas coloniales y compramos joyas de plata. Nos sentamos un rato en la plaza, debajo de las glorietas y más tarde entramos en la iglesia de Santa Prisca. Es hermosísima, tiene unos retablos barrocos tallados en hoja de oro, con ramas y curvas con ángeles y santos dorados.

 

 

Al día siguiente, salimos para Acapulco. La llegada fue impresionante. La ruta se mete a través de una montaña (¿cerro, monte? No tengo idea, en Buenos Aires todo es plano) y al salir aparece Acapulco a la vista.

Acapulco

 

Estaba super feliz de poder pasar unos días con Lucas en un lugar paradisíaco. Claro, que todavía no me había dado cuenta de que en Taxco me habían robado toda la plata que llevaba. Cuando llegamos al hotel y quise guardarla en la caja de seguridad, no estaba. Nuestra situación no era desesperada (tenía pago el hotel y ahí dentro podía pagar con la tarjeta), pero como la mayoría de los lugares, empezando por los taxis para salir del hotel, solo aceptaban efectivo, prácticamente no podíamos salir de allí. Solo me quedaban algunas monedas para dar propinas.

Primero, traté de llamar a Buenos Aires para ver si podía sacar plata de algún cajero con la tarjeta, pero no tenía no sé qué PIN y no se podía pedir desde el exterior. Mientras me desesperaba, Lucas lloraba que quería ir a McDonalds. Fuimos (ahí podía pagar con la American) y mientras comíamos la Cajita Feliz, la llamé a Virginia a ver si podía hacer algo. Afortunadamente, resultó ser una chica de muchos recursos. Me dijo que no me podía girar plata directamente porque yo no tenía una cuenta bancaria en México, pero que iba a tratar de ubicar una sucursal del hotel donde estábamos parando en Acapulco en el DF a ver si me podía mandar plata por esa vía.

Al rato me llamó para decirme que me había girado cien dólares y que al día siguiente podía retirarlos de la administración del hotel. Después del desayuno estuve yendo a cada rato a preguntar, pero recién llegaron a eso de las seis. Lo peor es que cuando por fin estuvieron, la empleada no quería dármelos porque decía que habían sido girados solo para consumos internos en el hotel. ¡Pero si para eso tenía la tarjeta! Le armé tal escándalo que “entendió” mi punto de vista y así con los cien dólares pudimos en los dos días que nos quedaban ir a ver a los clavadistas y hacer un paseo en yate.

 

Volvimos al DF mirando cómo las iguanas cruzaban por la ruta. El último fin de semana, Virginia y Gabriel nos llevaron a conocer las Pirámides del Sol y la Luna y a almorzar en un restaurant que funciona en una cueva.

Cuando llegó el día de irnos, nos abrazamos en el aeropuerto.

Hasta siempre. Ojalá pueda volver.

2 de febrero de 1999

A veces, de un impulso surgen cosas buenas. Este viaje, por ejemplo. Mi familia se oponía a que llevara a Lucas a la casa de una desconocida. Sin embargo, Alejo estuve de acuerdo en que nos fuéramos. Los que más se arriesgan son ellos al recibirte en su casa, me dijo. Y tenía razón. Por las dudas mis tíos me hicieron una extensión de su American Express dorada, que no tiene límite de gasto. Por si me tenía que ir a un hotel o me pasaba algo.

Afortunadamente, fue una precaución totalmente innecesaria. Después de un montón de horas de escala en Santiago, Lucas y yo llegamos al DF. Virginia nos estaba esperando. No habíamos podido intercambiar fotos, pero nos reconocimos de inmediato. Nos invitó a comer y después nos llevó a su casa. Cuando hubo que subir nuestras valijas al dormitorio del primer piso, me olvidé de que el DF está a más de 2200 metros sobre el nivel del mar, (que es lo mismo que decir sobre el nivel de Buenos Aires), y quise hacerlo yo solita rechazando el ofrecimiento de Gabriel, el marido de Virginia. Cuando llegué me latía tan fuerte el corazón que creí que iba a tener un ataque o algo así.

Virginia y Gabriel trabajan en el centro, así que alguno de ellos nos dejaba en el Zócalo a la mañana y desde ahí, Lucas y yo íbamos recorriendo la ciudad.

Creo que es imposible conocer todo el DF (es inmenso), pero sí llegamos a visitar casi todos los lugares turísticos. Nos encantó el Museo del Templo Mayor, aunque había tantas piezas vinculadas a la sangre y los sacrificios que se me hacía difícil explicárselo a Lucas. También visitamos la Catedral, aunque estaba en obras de apuntalamiento y había partes que no se podían ver.

Otro día conocimos el Palacio Nacional, donde están los murales de Diego Rivera sobre la historia de México.

El fin de semana nos llevaron a pasear por Xochimilco. Ahí almorzamos en la feria y me enchilé. Creo que era solo una cuestión de tiempo. A los mexicanos les gusta la comida MUY picante y les cuesta entender que para vos es indigerible. Resulta que fuimos a almorzar y no se me ocurría que pedir que no fuera picante. Al final me decidí por un consomé de pollo. Eso debía ser suave. ¿no? Error. Era super picante. El tema es que me daba vergüenza decirles que tampoco podía comer eso y decidí hacerlo igual por más desagradable que me resultara. El problema fue que, por más que traté de disimular, me empecé  a poner roja, al punto de preocupar a Virginia, quien me empezó a preguntar qué me estaba pasando. A pesar de mi tímida respuesta, se dio cuenta de que no podía con el consomé y se lo terminó comiendo ella. Me  pidió unas quesadillas. Esas no son picantes.

Uy, ya tengo que preparar la cena. Qué tarde se hizo. Mañana sigo con lo que nos pasó en Taxco. ¡Qué mal momento! Menos mal que todo terminó bien…

29 de diciembre de 1998

Por momentos me lo creo. Pero después, no estoy segura. Tengo miedo de que Alejo cambie de idea. Ayer, cuando volvimos de la segunda sesión con la psicóloga, me dijo que había decidido que cuando vuelva de México quiere que hagamos algún tratamiento. No quiere ir más a terapia, pero ya no me importa.

Es increíble. No sé qué lo hizo cambiar de idea. Para ser sincera, tampoco supe nunca porqué no quería. Ahora nos vamos a México con Lucas, voy a conocer a Virginia (sigo sin poder ver su foto) y a la vuelta, empezamos.

22 de diciembre de 1998

Alejo lo pensó, lo repensó y lo volvió a pensar y decidió que podía ir a una entrevista de pareja. La verdad, no me lo esperaba.

Cuestión que ayer fuimos. No sé si va resultar algo de esto, pero me  maté de risa cuando el delirante de mi marido se puso a contarle a la terapeuta que el soñaba con tener cinco hijos y vivir en el campo. ¿Qué…? Lo mejor fue cuando la psicóloga le preguntó en un tono de lo más neutro (eso que nos falta a las esposas), cómo se compatibilizaba su deseo de tener cinco hijos con su no deseo de tener un segundo hijo ahora. Encima, Alejo se quedó mirándola como si nunca se le hubiera ocurrido que hubiera una contradicción en eso…

Ya veremos cómo van saliendo las cosas. Por ahora, ya estamos otra vez con las fiestas. Grrr, otro Año Nuevo que pasa desde que dije: dejo de cuidarme y quedo embarazada. Pero, en fin, ya no queda nada para irnos a México.

15 de diciembre de 1998

De: Marina Vázquez Casal <lucas@datamarkets.com.ar>
Para: Virginia Mendoza <virmen@yahoo.com.mx>
Fecha: Martes 15 de Diciembre de 1998 02:47 PM
Asunto:Ya tengo los pasajes

Hola, Virginia:

Ya tenemos los pasajes. La agencia me confirmó las fechas. Estamos llegando el 10 de enero por LAN (después te paso bien el número de vuelo). Tampoco pude abrir la última foto que me mandaste, así que sigo sin conocer tu cara.  En fin, supongo que de todos modos nos vamos a poder reconocer en el aeropuerto.

No veo la hora de subir al avión.  El ambiente en mi casa es intolerable.  Hace unos días, sentí que no soportaba más esta situación de espera eterna. Me pareció que cualquier cosa era preferible a eso, así que le dije a Alejo: o consulta y tratamiento YA o divorcio YA. Para variar, lo único que conseguí fue empeorar todo. (Me río de las que me preguntan si lo presiono lo suficiente a mi marido).

Alejo está “pensando” y dice que él no se va de casa. Como todavía no estoy madura como para ir a un abogado o irme de casa con Lucas, la situación continúa indefinida, pero mucho más violenta (no físicamente).

Estoy muy angustiada. A veces, siento ganas de morirme (aunque soy consciente del largo trecho que separa el dicho del hecho). Me asombra del hecho de ser capaz de actuar, hablar y trabajar como siempre.  Lo que me desespera, es que siempre terminamos teniendo la misma conversación. Alejo diciéndome que no quiere tener otro hijo (o hacer un tratamiento), porque no está seguro de nuestra relación y yo contestándole que nuestra relación está mal porque él me niega esa posibilidad. Siempre es lo mismo, repetido hasta el infinito, año tras año. Pero cada vez peor, con más enojo y resentimiento y con la sensación cada vez mayor de que no va a haber finales felices para nosotros.

Ayer vi a mi terapeuta y me dijo que en estas condiciones no se puede dejar que la situación siga su cauce natural y que por ahora:

  • La vaya a ver más seguido.
  • Piense en la posibilidad de volver a tomar medicación. No sé. Por momentos me parece una buena idea (quisiera sentirme más controlada),  pero en otros no (ya estuve medicada y a la larga no me sirvió)
  • Que si siempre terminamos con lo mismo es una indicación de hacer algunas entrevistas de pareja para destrabar la situación.

En realidad, hicimos  unas pocas hace dos años y nos sirvieron, pero Alejo les dio fin rápidamente y no quiso volver más. Yo nunca insistí porque NO QUIERO PEDIRLE NADA MÁS.  Estoy harta de pedir cosas (lo gracioso es que él dice lo mismo de mí :()

Como la situación es tan complicada y me hablaron de hacer una, dos o tres entrevistas, se lo comenté a Alejo y me dijo que “lo iba a pensar”. Tuve que apelar a mi (escaso) autocontrol para no gritarle: ¿Qué es lo que tenés que pensar tanto? ¿Ir a una entrevista?

Bueno, tengo miedo de que pienses que me volví (o peor, que siempre fui) completamente loca. A veces yo también lo pienso. Pero, a veces, parece que todos los caminos son malos y no se sabe cuál será el menos peor.

Besos

Marina

PD: Lo releo y me hubiera gustado mandarte un mensaje menos deprimente.  En fin, otra vez será

10 de diciembre de 1998

Me voy a México, a la casa de Virginia. Lo llevo a Lucas.

A la vuelta, veré si nuestro matrimonio puede continuar. Así no podemos seguir.