Epílogo

Leo la anotación del 12 de marzo de 2000:

A las seis de la mañana rompí bolsa, fuimos a la clínica y al rato empecé con contracciones. Fue todo tan rápido… A las doce ya había nacido Pilar. Todavía no lo puedo creer.

Cerré el diario. Dios, me entretuve leyendo mucho más de lo que pensé y todavía tengo que terminar de llenar las cajas. En cualquier momento. Alejo me iba a traer a Pilar. Para ser sincera, nunca fue un gran padre, pero después de nuestro divorcio no le quedó otra que pasar tiempo a solas con sus hijos y parece estar haciendo el esfuerzo. Con Lucas no se ven mucho, pero bueno, él ya es grande y entre los amigos y el ingreso a la universidad, ya no tiene mucho tiempo para sus papis🙂

Por una conocida común me enteré que Alejo está con algunos problemas con su pareja. Ella es una chica joven, sin hijos y claro, quiere uno. Alejo no. Yo no lo entiendo. Hay gente que siempre tropieza con la misma piedra. Esa amiga también me dijo, que ella estaba saliendo con alguien que había conocido en una página de encuentros y que yo debería hacer lo mismo. Por supuesto que le dije que no. Se ofreció a abrirme una cuenta o un perfil o algo así y le contesté que ni se atreviera. Yo no quiero criticarla, pero me parece que es como colgarte un cartel de En venta. Ni loca lo haría.

Bueno, más vale que me apure. Si no, no voy a terminar más.

FIN

21 de septiembre de 1999

Sigo en cama. Ya no sé que leer ni qué mirar en la tele.

Al principio, el saquito gestacional crecía y el hematoma, también. Estaba muy desanimada. Cada mañana, cuando me despertaba, me preguntaba qué iba a hacer hasta la noche y si todo el reposo que estaba haciendo me iba a permitir llegar al final o solo lo posponía la pérdida.

Pero después el hematoma empezó a achicarse y ahora ya casi desapareció. Casi no tengo pérdidas.

Yo creo que va a estar todo bien.

8 de agosto de 1999

Pasé la noche en mi casa. Al día siguiente, todavía en estado de shock, me levanté y posteé en el foro de infertilidad que había abortado. Antes de que Lucas se fuera para la escuela, le dije  que ya no estaba más embarazada. No sé porqué tenía tanto apuro en anunciarlo a todo el mundo, pero sentía que quería sacármelo ya de encima, Pensaba que cuanto antes mejor y así más adelante no iba a tener a todos preguntándome. Quizás también fuera una manera de hacerlo más real, todavía me parecía estar soñando…

Una vez que el micro de la escuela se llevó a Lucas, empecé a prepararme para ir al IFER para hacerme la ecografía. El ayudante de Kelly ya me había anticipado que, si quedaba algún resto, me iba a tener que quedar internada para un legrado. Mientras estaba juntando las cosas, pasó Alejo y me dijo: Me voy a trabajar… Me quedé helada y en ese segundo, se me cruzaron un montón de pensamientos. ¿No me vas a acompañar? ¿Y si quedo internada, quién se va a encargar de Lucas? ¿No te importa nada de mí?…

Abrí la boca como para decir algo, pero me quedé callada. No tenía fuerza para embarcarme en otra discusión en ese momento. Iría sola. Alejo se fue y cuando estaba a punto de salir, sonó el teléfono. Atendí mecánicamente. Era Silvia, la bibliotecaria de la escuela, que llamaba para avisarme que estaban juntando plata para el regalo de casamiento de la profesora de música. Al escucharme, me preguntó si estaba bien. No, no estaba bien. Le conté lo que me pasaba, se alarmó y me dijo que de ninguna manera podía ir sola. Que que la esperara, que enseguida estaba en mi casa y me acompañaba.

Silvia pasó por casa y nos fuimos en un taxi al IFER. Mientras esperábamos a que me hicieran la ecografía, especulábamos sobre cuántas horas de ayuno eran necesarias para hacer el legrado. Me parecía que seis, pero no estaba segura. Igual, yo había desayunado porque si me lo hacían  a la tarde, iba a estar un montón de horas sin comer.

Por fin me tocó el turno. La ecografista me hizo pasar, me acosté en la camilla, puso el aparatito ese y se quedó mirando la pantalla.

– Mirá, yo acá veo el embrión lo más bien, con latidos. ¿Los ves acá en la pantalla? El embarazo sigue. El problema es que  tenés un hematoma, una zona de desprendimiento de la placenta.

Por suerte, estaba en la camilla. Porque no creo que hubiera podido permanecer de pie al escucharla.. Me sentía totalmente desconcertada. Estaba embarazada, dejé de estarlo y ¿ahora de vuelta lo estaba? No entendía nada…

7 de agosto de 1999

Es raro que no sienta nada. Debería estar llorando, debería sentirme destrozada, pero no siento nada. Estaba chateando con Virginia, la mexicana, cuando sentí algo que me bajaba. Ya estoy cansada de alarmarme a cada momento. Creo que es una pérdida, corro a fijarme y siempre es flujo. Las embarazadas tienen un montón. Por eso, al principio no le di importancia. Pero después vi que no paraba, me fui a fijar y vi todo rojo.

Por suerte, Lucas estaba en la casa de un vecino, porque no sabía qué hacer. Me acosté para ver si me paraba la hemorragia, pero empecé a manchar la cama. Me levanté, me fui al baño y me senté en el inodoro. En eso siento que perdía algo. Miré que era y vi que eran una especie de tejidos. No podía pensar con claridad, pero apenas vi eso, estuve segura de que había abortado. Busqué el celular, llamé al ayudante de Kelly y empecé a llorar y a gritarle por teléfono:

¡Aborté! ¡Aborté! ¡Perdí el embarazo!
– Bueno, tranquilizate ¿Qué te pasa?
– ¡Estoy con una hemorragia y perdí unos tejidos!
Y de repente se me ocurrió preguntarle: ¿Tengo que juntar eso?
Y… sería conveniente, así podemos hacerlo analizar. Hacé lo siguiente: tomá un comprimido de Citotec para ver si podemos hacer que el aborto sea completo. Eso acelera la pérdida. Mañana a primera hora, venite al IFER para hacer una ecografía. Así vamos a saber si el aborto fue completo o no. Si quedaron restos, vamos a tener que hacer un legrado. Ah, si durante la noche tenés mucha hemorragia, venite al IFER y te quedás internada hasta mañana.

Me puse unos guantes y no sé cómo logré juntar todo eso en un frasco para urocultivo que tenía por ahí. Justo cuando estaba terminando, llegó Alejo, le conté con tres palabras lo que había pasado  y lo mandé a comprar el medicamento. Me lo trajo, lo tomé y me metí en la cama para esperar al día siguiente.

Era raro, porque aunque me repetía que había perdido a mi bebé, no sentía nada. No estaba segura de si lo estaba aceptando excepcionalmente bien o todavía no había caído.

28 de julio de 1999

Diez días después del atraso, me hicieron la primera ecografía. Me habían advertido que era solo para confirmar el embarazo y ver si eran uno o dos, pero que era muy temprano para pudiéramos ver los latidos. Sin embargo, como otro milagro más, en la pantalla se veía titilar una lucecita y era el corazón de mi bebé.

Todavía no me lo termino de creer del todo. Pero parece que sí, que estoy embarazada.

22 de julio de 1999

Cuando vimos el positivo, nos volvimos a Buenos Aires. De repente las minivacaciones habían dejado de tener sentido. Me moría de impaciencia para confirmarlo con test de laboratorio.

Apenas llegamos me fui al IFER, donde me felicitaron y me dieron una orden para una Subunidad Beta. A la mañana siguiernte me saqué sangre y al mediodía estaba el resultado: 1420 unidades. Sabía que era un positivo, pero ¿estaría bien?. En la web encontré una tabla que decía de acuerdo a los días de atraso, cuáles eran los valores normales para un embarazo único y para uno múltiple. Vi que lo que me había dado se ajustaba más para un embarazo gemelar que para uno solo.

¿Serían dos?

20 de julio de 1999

Alejo estuvo todo el día preguntándome cuándo me iba a hacer el Evatest. Y yo contestándole que más tarde. Estaba paralizada. Sentía que no iba a poder soportar otra vez abrir el envase del test, hacer pis sobre el palito, esperar los cinco minutos, mirar y ver que hay una rayita, pero ¿visto desde determinado ángulo no aparece una segunda, muy tenue? No, me pareció. Tirarlo y al rato sacarlo de la basura para ver si mágicamente apareció una segunda rayita. Comprobar que no. Volver a tirarlo sin decidirse entre ponerse a llorar o romper todo.

A las tres de la mañana, me despierto. Alejo me vuelve a preguntar si me voy a hacer el Evatest. Me levanto de la cama, busco la cajita y lo hago. Me siento en el inodoro con el palito en la mano para esperar los cinco minutos que dice el prospecto. Pero a los pocos segundos, aparecen fuertes y nítidas, dos rayitas. No tengo dudas.

Me dio POSITIVO.

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